El tiramisú es uno de mis postres favoritos. Clásico entre los clásicos, este postre es bien conocido por todos; sin embargo, se trata de un postre moderno, con poco más de 50 años de historia y creado en los prostíbulos de la zona de Treviso (ciudad de la región del Véneto, en el norte de Italia, cuya capital es Venecia).
Etimológicamente su nombre viene de «te tira su», en lengua veneta, que significaría «tentempié». Originariamente no llevaba mascarpone ni componente graso equivalente ya que prentendía ser un alimento reconstituyente, poco pesado y que espabilara.
En 1968 Alfredo Beltrame saca al tiramisú de los prostíbulos y lo incorpora a la oferta de la cadena de restaurantes Toulá. Los ingredientes: huevos y azúcar batidos, bizcochos Savoiardi, café expresso y cacao en polvo. ¿De dónde viene el mascarpone?… pues no lo sé, ¡pero me encanta!
Para mi las claves para un buen tiramisú son: minimizar el azúcar, que no quede dulce, un buen cafe bien fuerte, un golpe de licor y mascarpone de calidad.
En cuanto a la forma, se puede hacer como una gran tarta o individuales. Yo usé unos vasos tipo whiskey para una comida con amigos y así olvidarme de cortarlo en la mesa, etc, etc.





